hotel del universo
samedi 16 mars 2013
vendredi 12 novembre 2010
"La organización de mi trabajo" Julio Camba
"Hace unos años yo tenía un amigo alemán que se había empeñado en organizar mi trabajo.
-Usted -me decía- debe alquilar un despacho, comprar unos libros de consulta cuanto más grandes mejor y señalarse unas horas de oficina. Debe usted levantarse todos los días a la misma hora, leer a la misma hora, pensar a la misma hora, escribir a la misma hora.
Es posible: pero yo no podría trabajar nunca en una forma metódica. Yo no puedo leer en una biblioteca, que es, sin embargo, un establecimiento organizado para la lectura. Leo en la cama, que es un mueble hecho para dormir; pero en una biblioteca no leo. Eso de llegar allí y verme ante un libro entre cien personas que están ante otros cien libros me produce un sopor invencible y me transporta inmediatamente al mundo de los sueños. Por eso poseo tan poca erudición. Y así como no puedo leer en la biblioteca donde me entran ganas de fumar, no puedo fumar en un smooking-room, donde me entran ganas de leer, así no puedo tampoco escribir en un escritorio. Mi trabajo, una vez organizado perdería toda espontaneidad. ¡Qué quiere usted! Yo soy un escritor fácil." J. Camba · ABC · 1959
lundi 25 octobre 2010
TAL POR CUAL
Trajeado de negro y con el corazón convulso, me encaminé
hacia la parte trasera del tren. Lugar del que podría acariciar mejor,
mi voluntaria esperanza de volver a encontrarme con Nelson Oreste.
Extraordinario provocador de encuentros fortuitos, figura conocida en
la ferroviaria por el prestigio subyugante de su hazaña romántica,
erudito en pasiones raras. De aspecto heroico y desafiante,
de belleza triste y variable.
Por la razón del sortilegio, el aspecto más importante de su naturaleza
para mi, era una extraña acumulación de lunares situada en las yemas
de sus dedos. Contarlos uno a uno y descubrir el nacimiento de uno nuevo
fundaban el momento más arrebatador, del que yo tengo consciencia,
en materia de deseo. Pasear por las huellas digitales de Nelson Oreste
en busca de aquel "grano de belleza", oráculo de que yo sería
una vez más entre sus brazos el mejor de los que fui.
Ante Nelson siempre llegué en calidad de aprendiz, afinando en cada
uno de sus guiños el ingenio de mi proeza. Viví asombrado de su manera
de colmar mi existencia y darle pensión en un secreto.
Secreto alimentado de su ausencia y de su pluma experta.
Envejecí en el extremo de un vagón ante cada partida y entoné cada vez
que el tiempo me echó una mano para volver a verlo.
Cuando fueron las nueve y diez lo ví aparecer y caminar hacia mi sonriendo.
vendredi 1 octobre 2010
NUNCA VIVÍ EN PARIS
"?Por qué habría de extender sus alas
el águila estropeada? Por qué habría yo de lamentar
el desvanecido poder del reino acostumbrado?
T.S Eliot
Anoche soñé que en Chile, las casas en las poblaciones se hacían de cera de vela. No te preocupes, me decían las gentes con los dientes mansos, esta a nuestra disposición un asado de cóndor, que por lo menos todos podremos desear, tal vez sin nunca probar, pero en la espera de algo bueno se le da sentido a los días que pasan.
Partí con zapatos de abuela por una calle arrugada, que fue a morir al río, mi río, que con la lluvia frecuentaba el lecho de las horas como amantes insaciables, inundándonos la infancia de impetus encerrados entre cuatro paredes y una estufa.
Todos vivimos con la muerte, con un puesto vacío en la mesa y una pregunta que no se podía hacer.
Todos nos formamos en el patio del colegio cantando el himno censurado, para entrar luego en una sala helada, a escuchar a un profesor deprimido repitiendo "aquí no se salva nadie".
Caminamos años con uniforme de la casa al colegio del colegio a la casa, durante cualquier estación. Por calles vacías, con perros aburridos, y gatos flacos, con tristeza de basureros y zapatos de guagua abandonados. Todos conocimos lo desolador de las cuatro de la tarde, y lo gratificante de prender una lampara antes de que cayera la noche. Una comida tierna y tensa en los humores del adulto, una cama con un beso de buenas noches.
En medio del sueño solíamos despertar con un temporal que arrancaba los techos o con un temblor grado cuatro y medio. Otras veces con los gritos y balazos de la casa "de la pato" o "el lirio azul" ambos prostíbulos de milicos. Por la mañana jugábamos a buscar figuras en los dibujos de las cortinas y al abrirlas hacíamos carreras golpeando tras el vidrio las gotas de lluvia en la ventana...
Nunca salí del horroroso Chile*, nunca me adapte a vivir bien, a no tener frío ni miedo.
Nunca viví en París.
el águila estropeada? Por qué habría yo de lamentar
el desvanecido poder del reino acostumbrado?
T.S Eliot
Anoche soñé que en Chile, las casas en las poblaciones se hacían de cera de vela. No te preocupes, me decían las gentes con los dientes mansos, esta a nuestra disposición un asado de cóndor, que por lo menos todos podremos desear, tal vez sin nunca probar, pero en la espera de algo bueno se le da sentido a los días que pasan.
Partí con zapatos de abuela por una calle arrugada, que fue a morir al río, mi río, que con la lluvia frecuentaba el lecho de las horas como amantes insaciables, inundándonos la infancia de impetus encerrados entre cuatro paredes y una estufa.
Todos vivimos con la muerte, con un puesto vacío en la mesa y una pregunta que no se podía hacer.
Todos nos formamos en el patio del colegio cantando el himno censurado, para entrar luego en una sala helada, a escuchar a un profesor deprimido repitiendo "aquí no se salva nadie".
Caminamos años con uniforme de la casa al colegio del colegio a la casa, durante cualquier estación. Por calles vacías, con perros aburridos, y gatos flacos, con tristeza de basureros y zapatos de guagua abandonados. Todos conocimos lo desolador de las cuatro de la tarde, y lo gratificante de prender una lampara antes de que cayera la noche. Una comida tierna y tensa en los humores del adulto, una cama con un beso de buenas noches.
En medio del sueño solíamos despertar con un temporal que arrancaba los techos o con un temblor grado cuatro y medio. Otras veces con los gritos y balazos de la casa "de la pato" o "el lirio azul" ambos prostíbulos de milicos. Por la mañana jugábamos a buscar figuras en los dibujos de las cortinas y al abrirlas hacíamos carreras golpeando tras el vidrio las gotas de lluvia en la ventana...
Nunca salí del horroroso Chile*, nunca me adapte a vivir bien, a no tener frío ni miedo.
Nunca viví en París.
lundi 20 septembre 2010
vendredi 20 août 2010
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